jueves, 23 de febrero de 2012

"Historias cruzadas": la rebelión de las nanas

Hace rato que el tema de las "nanas" me sigue. Si leyeron el post anterior a este, sabrán de lo que hablo.  Cuando pensé que el tema estaba cerrado apareció "Historias cruzadas". Más allá de que la película esté nominada al Oscar, la historia es conmovedora por donde se la mire. Basada en el best seller "The Help", la cinta muestra la historia de dos mujeres negras. Dos negras que trabajan en la Mississippi cruel de los ´60. Dos negras que crían hijos de matrimonios blancos felices. Dos negras que limpian y cocinan para familias que viven en el suelo americano. Dos negras -que por ser negras- tienen que mear y cagar en baños diferentes a donde mean y cagan los blancos.  ¡Hasta en la mierda está la discriminación!



Pero las dos negras se expanden. Se multiplican. La discriminación las une para desafiar una autoridad absurda. Si la Academia de Hollywood actuaría desde lo "políticamente correcto", no me molestaría que se quede con el tipito dorado por ser la mejor cinta. Aclaro que no vi las otra. Esta es simple. 

Skeeter (Emma Stone) es una periodista idealista y recién graduada que sueña -como todo periodista- en escribir una novela. Atropellada por los hechos decide contar la historia de un atropello a los derechos humanos. Aibileen (Viola Davis) es la nana que trabaja en la casa de una de sus mejores amigas y quien la ayuda en su primer empleo en el diario local. Entre consejos para las amas de casa de la época surge la trama de la peli: la discriminación y el abuso hacia los negros afroamericanos en Estados Unidos. La causa que le dio, entre otras cosas, un Nobel de la Paz a Martin Luther King en 1964.

***

Es una noche de miércoles rara: el cielo se prepara para una tormenta que no llegó, las calles de La Plata están vacías, la temperatura es cálida y el clima social es angustiante. Unas cuantas horas antes, en un accidente ferroviario -¿que se podría haber evitado?- decenas de muertos y cientos de heridos son protagonistas de la crónica del día. Se adueñaron de la noticias. ¿Hasta cuándo? Eso nunca se sabe. Puede llegar a ser reemplaza por la conveniente recuperación de "Las Malvinas son argentinas". Por el escándalo barato de alguna diva de turno. Por el testaferro del político que no pagó la cometa. Por alguna tragedia climática en la parte del mundo que sea. Y los temas y las páginas de los diarios y las horas en la radio y en la tele siempre se llenan. Siempre se llenan. Los de hoy abundan en el accidente de Once.

Cuando "Historias cruzadas" terminó pensé en cuál sería la historia que hoy habría que contar. Cuál sería la historia que no llena. Cuál sería la historia transformadora. Quiénes son esos negros del presente. ¿Los pobres? ¿Las minorías sexuales? ¿Los ecologistas en defensa de un planeta menos contaminado? ¿Quién? ¿Quiénes?

No me puedo dormir pensando en quién. ¿Quiénes? Me tengo que dormir, pienso. Por la mañana tengo que entrevistar a un docente que enseña a adultos mayores. ¿Son nuestros viejos -con jubilaciones de mierda y una vida repleta de sacrificios- los "quienes"? En menos de veinte años la mayor parte de la población sera vieja. ¿Tendrán los estados respeto y saldo para sostenerlos? ¿Serán ellos los que tengan que enfrentar una nueva rebelión?

Me duermo. Me queda la duda. "La duda", donde también actuó Viola Davis. Todo se conecta con todo. Todo pareciera ser que es una eterna duda cuando a la verdad cuesta encontrarla. Por la verdad. La verdad es lo único que nos podrá salvar de tanta hipocresía.

domingo, 19 de febrero de 2012

La revelación de las "Nanas"

Pensé que las vacaciones también serían vacaciones para el blog: me equivoqué. Entre tanta boludez del verano -me refiero al bolso playero con el nombre del lugar en el que se esté, las trencitas en las cabelleras de niños/as, adolescente/a, señor/a, chongo/a, la tobillera de piedrita multicolor (Pregunta: ¿la tobillera se usa todo el año?¿qué pasa con esta joya de la artesanía veraniega hippona cuando llega el invierno y las medias son más necesarias que silicona para vedette?), ¡los collares de caracol!, y la lista podría ser tan eternaaaa... Pero el tema del verano -no el de Michel Teló-, sino el mío fueron "Las nanas". Por esas cosas de la vida somos cinco personas y una mascota -cuatro chilenos y dos argentinos- rumbo a Punta del Diablo, Uruguay.

"Nanas" no es un tema musical. Tampoco es el término de cuando un bebé se lastima: "Se hizo nana en el dedito mi bebito" (la frase suele ir acompañado de diminutivos). No es una nueva palabra para el castellano argento. No es una nueva banda de cumbia. Uso "nana" respetando la cita textual de mi amiga y colega chilena Carolina Faraldo. Voy manejando por la ruta nacional nueve cuando surge el tema por primera vez. En un shileno perfecto y sheno de hueones me cuenta que se desató un escándalo bíblico cuando en un barrio "cuico" (cuico= concheto, algo así como nuestro Puerto Madero) le prohibieron a las "nanas" (nana= niñera para nosotros) entrar a sus trabajos haciendo uso de la vereda y las obligan a pagar un colectivo que las deje en la puerta de sus empleos. http://www.meganoticias.cl/nacional/metropolitana/nuevo-caso-de-discriminacion-a-nanas:-ahora-les-prohiben-caminar-por-condominio.html

"Asesoras del hogar" es el eufemismo que encontraron los chilenos para ponerle un nombre a lo que nosotros solemos llamar: la chica que limpia, la señora que trabaja en casa, empleada doméstica o simplemente -y en la gran mayoría- por su nombre propio. El que figura en el DNI. Lo que me cuentan, además de mucha gracia por cómo me lo relatan, me asombra. "¡Qué país clasista!", dice mi futuro marido que dejó su Punta Arenas natal, en el Estrecho de Magallanes chileno, en enero de 1996. "Son un mal necesario po y encima ahora reclaman", ironizan y reímos. "Quedó la zorra", agregan y me pierdo. El vocabulario shileno es amplio y ofrece variadas interpretaciones: en este caso "zorra" es empleada como "quedó la cagá", me explican. "La cagá", para nosotros, sería "la cagada". Un quilombo en las tierras Piñerezcas que ahora vuelve a resurgir a partir de que Falabella le niega sacar una tarjeta de crédito a una nana peruana que vive en Santiago. "Es política de la empresa que las asesoras del hogar no puedan acceder a nuestras tarjetas", le dice un empleado de camisa blanca y corbata verde a la mujer que llevó el tema a los noticieros.

El primer nombre que se me viene a la mente no es mi actual nana, Marta. Es Gladys. No la conozco y es Gladys, el primer personaje que aparece en el libro que llevo en la mochila. Gladys Varela es la empleada doméstica que descubre el cadáver de Chazarreta en "Betibú", la última novela de Claudia Piñeiro. Gladys es un buen nombre para una nana, pienso. Históricamente las telenovelas de la tarde las bautizaron Marías. Sólo recuerdo tres "Gladyses": Gladys Knight, cantante norteamericana de soul, Gladys "La bomba tucumana", cantante de cumbia argentina, y Gladys Florimonte, actriz y comediante argentina.

Con una lluvia de peste llegamos a destino: "Lo de Gustavo y Alison". El primero es un uruguayo que conoció a una canadiense en Toronto -la segunda- y entre mate y mate nacieron Mateo y Ariel. "Ariteo", para nosotros. "Ariteo" es el nombre de la red wifi que iba y venía como el permanente viento que nunca nos abandonó. La familia uruguayocanadiense nos alquiló su casa-cabaña. Los nuevos hippies mudaron sus petates a una combi amarilla, simil a la de "Little Miss Sunshine", donde viven cuando los turistas llegan con los dólares que sirven para vivir el resto del año. Alison es la dueña de unos ojos celestes color cielo y con un doctorado en Literatura bajo el brazo. Gustavo es profesor de inglés y dueño de una lengua frenética que no paró de recomendarnos salidas y restoranes. Será que durante el año no hay muchos con quien hablar, conjeturamos todos. Ya en esas dunas me doy cuenta que no hay nanas. Al menos para los niños del lugar. Sí vimos una familia argentina numerosa al estilo Opus y muy rubia, oriunda de un country de San Isidro, llegar con una nana boliviana. Con pantalón verde de bambula a los tobillos, la nana seguía de cerca a un bebé rubio en pañales Pumpers. Pero está claro que en Punta del Diablo los niños se cuidan solos: crecen como pasto. Libres. En libertad. Salvajes y libres. Como las ballenas Francas que llegan en el invierno.

Tiene canas y sus ojos color miel están perdidos en "La Mansa". Mira detrás de un ventanal que deja ver un Diego Rivera que presumo es original. Cambia el enfoque y ahora apunta a la obra icónica de Punta del Este: "La mano", del chileno Mario Irrarzábal donde unos cuantos turistas se sacan fotos. Ella los mira. Ellos no. Ella no es un atractivo turístico. La tela celeste de su uniforme almidonado combina con el color de las Hortensias tupidas. La puntilla blanca en los bordes de las mangas y en el delantal blanco se reflejan en el vidrio impoluto. Se la ve refinada. Es flaca y lánguida. Desentona con el bronceado de sus patrones que comen unas lechugas verdes resbordantes y toman vino blanco en copas de cristal. Me detengo en su cabellera brillosa. La habrá pulido con la misma delicadeza de los muebles de cedro del comedor, me pregunto. ¿Se llamará Gladys? ¿María? Tiene cara de Ofelia, pero bien podría parecerse a Germania.
 
Germania es la nana de mi amiga Katy. No la conozco. Solo la imagino. La pienso gracias al relato de mi amiga. Le tengo que pedir permiso para tomarme las vacaciones en febrero, le dijo Germania en el invierno de Punta Arenas. Es que Germania tenía previsto un viaje a Inglaterra. Sí, claro. ¿Puedo ir con usted?, cuenta Katy. Más que una nana es una institutriz, dice Pablo. Automáticamente mi cabeza viaja a "La novicia rebelde". La veo a Julie Andrews. Me veo en mi niñez sentado frente al televisor en una tarde de sábado. Recuerdo la imagen de esa pradera verde austríaca con la crecí. Nunca me voy a olvidar la escena de la familia Von Trapp escondida en el cementerio de la abadía. No sabía que eso era suspenso. Volviendo a Germania, hay que decir que en la última cena de fin de año la pasó con el mismísimo alcalde en un restó de lujo. Germania no es nombre de nana. Es nombre de mala. De profesora. De directora de escuela cara alemana. No de nana.

La última nana que vi en mis vacaciones fue en Montevideo. En Punta Carrasco. Una zona donde viven los ABC One uruguayos. Rodeada de mansiones, una nana que no superaría los 30 años rega un jardín de grama brasilera, propia de las zonas arenosas. Lleva el pelo tirante. Como las azafatas. Azafata del césped, pienso. Tiene un rodete prolijo que lo cubre con un tejido de crochete blanco que sujeta con varias hebillas de esas que no se ven. De la casa se escapa un cachorro de Labrador y la nana sale en su búsqueda. Corre. Suelta la manguera y corre. El agua hace un charco enfrente de una puerta que tiene un Buda de cemento. Vi muchos Budas. O hay muchos nuevos budistas o las importaciones desde China e India están haciendo estragos. El guardia del barrio sigue la escena. Intenta ayudar pero el pantalón marrón del uniforme se le engancha en una reposera de lona y plástico en la que está sentado. Ella lo atrapa. Lo entra y vuelve a la rutina de jardinería. La rutina. La rutina no discrimina. Quedan horas de vacaciones. Faltan minutos para volver a la rutina. Mi rutina.   



lunes, 30 de enero de 2012

El pájaro canta hasta morir

El cura no es un típico cura. La iglesia no es una típica iglesia. El bautismo no es un típico bautismo. Yo soy el típico padrino.




Es el último domingo de un enero caluroso. De un enero en donde las noticias dicen que la temporada veraniega está a full. Un enero donde la gente se saca la ropa. Los ombligos victoriosos salen a que les de la fresca. Un enero en que tuvimos una primera dama periodista/movilera y un presidente rockero con mucha onda. Pero también fue un enero en el que la presidenta volvió a trabajar después de "un cáncer que no tuvo", como tituló Clarín. Un enero en donde esa mujer llegó y habló. Llegó y mostró su marca. Su herida. Su cicatriz.

Ella habla. Las noticias hablan de ella. De nosotros. De nadie. Confunden. Llenan. Rellenan.  Es enero. ¿Por qué hay gente que merece ser noticia y no lo es?

***

Hace calor en la sombra de los árboles añosos del Parque Pereyra Iraola. Los pocos autos estacionados buscan la sombra como alivio protector. Son las doce del mediodía en un predio de 10.246 hectáreas que transpiran historia.  El primer dueño de esas tierras extensas y fértiles fue una mujer: Juana Rita Pinto. Un bella dama que bien podría haber sido modelo del colombiano Fernando Botero. Algunos dicen que con una herida de amor y algo falta de efectivo vendió su propiedad a la familia Pereyra Iraola. Los de doble apellido decidieron ponerle nombre a su terrenito y la llamaron Estancia San Juan. Pero un día llegó alguien de apellido Perón -¿lo tienen?- y decidió expropiarlo.

Según el mito urbano, los ecologistas, los proteccionistas, la Wikipedia y varios intendentes K, "es el parque de mayor biodiversidad de la provincia de Buenos Aires". El pulmón verde de Scioli. En el mismo parque en donde en el 2008 la UNESCO ponía sus lupas para declararlo "reserva de biosfera", estábamos bautizando a Isabella. 

Isabella es la cuarta hija mujer de mi hermana Laura. Conociéndola a ella y a mi cuñado Ariel no podría decir que es la última Sacchi. Desde ayer debuté en el doble título de padrino. Ya lo soy de Oriana, la primera. Entre familiares, amigos, y demases movilizamos nuestros cuerpos acalorados hasta la capilla del Parque Pereyra Iraola. El andar de los autos sobre las calles de tierra seca marcaba el camino para los que venían de lejos. La capilla, iglesia, iglesita, templo y sus variantes está a la diestra de la casona principal del parque. Cuando empezaba a asomarse el aroma a los chorizos, a carne asada y con una mezcla de canciones de Valeria Lynch, Los Wachiturros, un brasilero que detente ser el dueño del tema del verano y algunas moscas chusmas, entramos al bautismo.
La cita pactada decía a las doce, después de la misa. El camino hacia la espiritualidad de Thiago, Ariana e Isabella comenzó doce y treinta siete minutos. Duró, como mucho, veinte minutos. Y si fueron más, no nos dimos cuenta. 

En esos minutos de espera vi pasar a un hombre cincuentón, de panza cervecera y buen vivir. Llevaba puesto un short de Estudiantes de La Plata y una remera blanca que bien podría haber sido comprada en alguna feria paraguaya o made in La Salada. Lo mismo con las ojotas. "¿Imitación de las famosas brasileras? ¿quién no las tiene?", pensé. Castaño, algunas canas perdidas en el pelo lacio y prolijo. Si no me equivoco, el responsable de la Capilla Sta. Elena -el Dr. Leonardo Belderrain (Terapeuta filosófico, como dice su tarjeta personal) se había afeitado a la mañana. Antes de tomarse un par de mates, leer alguna que otra noticia y pensar qué diría en la misa y luego en el bautismo. Pensándolo mejor, y después de haberlo escuchado, sospecho que su onda es la de ser más espontáneo.

Cuando en la capilla no entraba más nadie, el de short y ojotas sacó una túnica de un mueble de pinotea y se la colocó con cancha. Con experiencia. Belderrain no nos hizo pronunciar ningún Padre Nuestro, ningún Ave María, ni mucho menos pararnos y sentarnos como monitos Tití. Nos mantuvo atentos y emocionados por pocos, pero certeros minutos. Con esa facha de vecino de al lado, pidió "paz". Les pidió a esos tres chicos que sean "solidarios". Que no discriminen a peruanos, paraguayos y "homosexuales". Le preguntó a los padres porqué eligieron a los padrinos. Que le den las razones. Ante cada respuesta aseveraba moviendo la cabeza. También nos preguntó a nosotros, los padrinos, cómo habíamos reaccionado con la elección. Piropeó a Karina, la madrina de Isa, a sus rulos y enseguida llegó con el agua. Les tiró un chorro a cada uno y siguió conquistando con su impronta revolucionaria.

Después, según el nombre de cada uno dijo algunas palabras y de la pequeña Isabella dijo que era de espíritu socialista. Traté de recordar cómo llegó a esa conclusión, pero no logró dar con el camino de semejante reflexión. Igual, la sola idea me encantó. Dijo que bien podría haber votado a Binner o Cristina. No a Macri. Se escucharon algunas risas y aparecieron algunos gestos de asombro. Nos pidió la vela para encenderla, en símbolo del fuego del rito, pero nosotros no teníamos. No es que nos hayamos olvidado. Ni sabíamos que teníamos que llevarla. Tampoco tenía la familia que estaba en el banco de adelante. Belderrain puso cara de estos padres que no se acuerdan de nada y fue a buscar un par de velas. Dijo un par de cosas más. Pidió una ofrenda para comprar pintura para el techo. Presentó a la secretaria "que se gasta la plata que ustedes van a dejar en drogas". Cecilia apareció con su canasta de mimbre rústica mientras mi hermana se secaba las huellas de un par de lágrimas. Saludó, agradeció y taza taza cada uno a su casa.

***

Leonardo Belderrain escribo en Google. Aparecen 31.500 resultados en sólo 15 segundos. Abro un artículo del suplemento Radar, de Página/12: http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Radar/01-12/01-12-23/NOTA1.HTM

“A Silvina la conocí paseando en el Parque Pereyra Iraola. Nos pusimos a charlar y tiempo después me invitó a cenar a su casa. Ella practica danzas africanas y en una de nuestras primeras salidas fui a ver uno de sus espectáculos. Fue toda una revelación verla ahí, en el escenario, moviéndose al ritmo de esa música tan sensual. Tuve la percepción de que estaba celebrando un ritual, una ceremonia, y la imaginé a ella como a una suerte de sacerdotisa”. Confiesa también que no sólo vio modificada su soltería por el encuentro. A partir de ese suceso aparentemente casual -.”intervención divina”, según él-. también otras situaciones de su vida operaron transformaciones cruciales. La primera y más evidente, la de los hábitos.  

“Al principio fue muy traumático para los dos. Silvina estaba bloqueada porque obviamente nunca había imaginado enamorarse de un cura. Además, en la familia de ella, si bien no se opusieron a la relación, les inquietaba el lugar medio hipócrita en el que se daban las cosas. En mi caso también fue duro. Desde lo interno yo sabía que mi historia con ella no era pecado sino un don de Dios. Desde lo externo ya era otra discusión. Sabía que tenía que dar un salto. ¿Pero hacia dónde? Por suerte, con el tiempo, las cosas mejoraron y pude ver la situación con más claridad”.

El cura que me había sorprendido ayer, ya había sorprendido a varios miles unos doce años antes. Seguí viendo lo que Google me ofrecía y me seguí encantando.  Doy con un portal que se llama Cristianos Gays y un artículo que lleva su firma: "El derecho de las minorías a ser felices y las uniones gay": http://www.cristianosgays.com/2010/06/17/el-derecho-de-las-minorias-a-ser-felices-y-las-uniones-gay-por-padre-leonardo-belderrain-bioeticista-argentina/#more-14523

"Hay consenso en el país, de que lo que importa es el derecho de todos a ser felices a amarse y comprometerse, bajo el nombre que sea, con iguales derechos. Está cambiando, también, la noción de padre y madre. Antes se decía: ´no llores como mujer lo que no supiste defender como hombre´. Hoy se dice al revés: 'no llores como hombre lo que no defendiste como mujer'.

Belderrain es el fiel ejemplo de alguien que se maneja con autenticidad. Celebro que haya gente fiel a si misma. Celebro haberlo cruzado en esta vida. ¿Será él quien me case?

 


miércoles, 25 de enero de 2012

Al final, lo primero es la familia

El domingo pasado La Nación Revista tuvo en su tapa a Nacho Figueras. Polista, celebrity, modelo, esposo, padre y -lo más llamativo- pensador contemporáneo. Que el tipo está bueno no tiene discusión. Es más, las revistas de moda se empecinan en decir que es el hombre más lindo del mundo. Siempre desconfié de aquellas personas que teorizan que cuanto más lindo se nace, menos neuronas se tiene. 

Todo cambia.



Este morocho vendría ser una especie de Valeria Mazza pero con testículos. Está casado con Delfi Blaquier, ex modelo hoy fotógrafa (no es que la contraten para quinces, casamientos, o ese tipo de cosas; es fotógrafa de la vida. Hoy da cool decir que se es somelier de té, artista o fotógrafa. Lo más probable es que la mina no haga nada. ¡Y está buenísimo! Pero tienen que decir que hacen algo, sino qué dirá la sociedad). Pero sigamos con Nachito. Tiene tres hijos hermosos y ¡miren cómo se llaman!: Hilario (11), Aurora (6) y Artemio (2). ¡Cuánta clase! Es evidente que no podrían llamarse Jonathan, Yasmín y Thiago.

"Argentina está de moda", asegura Nachito en la portada con caballo blanco de acompañante, jean Levis azul oscuro, camisa blanca sin marca de manga larga arremangada, cinto de cuero marrón, alianza de oro y un reloj plateado que podría alimentar a todos los comedores de La Matanza. "Cree que al país le ira muy bien", promete la bajada. Si lo dice Nacho, cómo no creerle. 

A los 34 años, este hijo de un ingeniero agrónomo y una ama de casa de 25 de Mayo, tiene como bandera el optimismo. Hace 17 años que vive gracias a su trabajo de polista, de viajar por el mundo, de cenar con Madonna y Ralph Lauren. Y de intercambiar experiencias de vida con el príncipe Harry de Inglaterra. El argentino es embajador de la fundación del hijo de Lady Di. (Imagino los pedos que agarrarán en los pubs de Londres y las propinas que les darán a los paparazzis ingleses que son in-so-por-ta-bles)

-Los New Romantic, tituló una revista australiana que los presentó en sociedad como una de las parejas más glamorosas del mundo. ¿Cómo se lleva semejante bandera?- pregunta Flavia Fernández.

-[...]Supongo que vende bien nuestra imagen de familia. Viajamos sin parar, es cierto que conocemos gente importante. Pero éste soy yo, en alpargatas. A mí lo que realmente me interesa es la familia- contesta Nacho.
Si quiere ser simple y familiero, y vive en La Plata, en 44 esquina 2 venden las alpargatas de yute que usa Nachín. Casa Varela. Un negocio tradicional (¿Debería pedirles un canje?)

-¿Piensan seguir agrandando la familia?- vuelve al ataque la periodista.

-Nos gustaría uno más. Pero bueno, hay que ver (lean por favor lo que hay que ver, lo que lo lleva a este filósofo del polo decidir si vuelve o no a tener un pibe) Es imposible explicar el lío de valijas que hay cada vez que viajamos. Una mudanza- complejiza Nacho.

Me queda una duda. Si Nacho sólo lleva alpargatas y Delfi la máquina de sacar fotos, es decir la simpleza misma, por qué tanta valijas. Ah, los nenes se ensucian mucho. Mucho contacto con la naturaleza. Con ellos mismo. Ahí está.  Esa es la respuesta. La familia. A Nacho lo que importa es la familia. ¡Qué duda cabe...!

viernes, 20 de enero de 2012

El hombre de la valija: "El señor del tercero B"

Imaginar la vida de alquien que es un perfecto desconocido es maravilloso. Cuando salimos a comer con Pablo solemos jugar a imaginar las profesiones y las vidas de los otros comensales. Tiene cara de directora. Parece abogado con una cátedra y todo. Ella no se casó, se dedicó a cuidar a los nenes y a decorar la casa de City Bell. Ella es empleada pública y compra Avón. El es el típico hijo de puta que está dispuesto a cagarte el día. Ella tiene cara de buena pero él le debe meter los cuernos. Esa parece una guerrera en la cama. Las que se pintan las uñas del pie de rojo son unas perras en la cama. Cosas de ese estilo se nos ocurren a montones todo el tiempo. Ahí, aflora toda la fauna de nuestros prejuicios. Pero esta historia es diferente. Es más del estilo de Arthur Conan Doyle.

***

-Es cierto, siempre lo vi con valijas- coincidimos con alguien que no puedo decir quién es.

Esta historia le ocurre a un amigo muy cercano. Un amigo muy curioso, para no llamarlo chusma de mierda. Está preocupado y lo entiendo. Tiene miedo. ¿Tiene miedo? Mi amigo vive en un edificio nuevo de una constructora pedorra que se la da de seria y que hasta tiene cartel luminoso. Un fenómeno por estos días por estos lares. La historia transcurre en el 3° piso. Mi amigo vive en el "C" y el señor de la valija en el "B".

Mi amigo me cuenta que "el señor del B" es raro. Se mueve en horarios raros. Es raro. Como él es gay, piensa que su vecino también lo es. Pero, nobleza obliga, los gays ven gays por todos lados. Es algo bastante típico. Podría serlo. ¿Podría serlo? Mi amigo me cuenta que no hace mucho se cruzó con él en el ascensor. Estaba acompañado. Lo escoltaba un chico de nos más de treinta. De ojos celestes, pantalón pinzado blanco, chomba celeste Ralph Lauren, cinto y zapatos de cuero Legacy. Mi amigo enseguida celebró que lo había pescado de trampa. En realidad, lo envidió. En realidad, en el tiempo que dura subir desde planta baja hasta el tercer piso, armó un guión que hasta Almodóvar envidiaría. La idea se desvaneció con cinco palabras: "te-presento-a-mi-hijo".

-Bueno, podría serlo igual. Se casó. Se separó. ¿O enviudó? Y ahora esssssssss- dijo alguien que no puedo decir quién es.

¿Qué hace una persona normal si se acaba de comprar un departamento? ¿Qué hace si además le plastifica los pisos, le pone línea de teléfono, campana, lavarropas, cortinas, cuadros y no recuerdo cuántas cosas más? Se muda. No. El vecino de mi amigo tardó en mudarse más de un año. ¿Es raro no?

-¿Y si es narcotraficante, asesino a sueldo o ladrón de guantes blancos?- me pregunta alguien que no puedo decir quién es.

El vecino de mi amigo tiene horarios raros. De día, practicamente, no se lo ve. En el edificio sus otros vecinos casi no lo conocen. Es más, piensan que todavía no se mudó. Que le pueden seguir robándole el lugar de su cochera. Por las noches nunca está. No cena en la casa. No mira la novela en la casa. No le suena el portero en la casa. No hay olores en la casa. No hay ninguna luz encendida en la casa. En la casa no pasa nada. Pero esa nada es lo que inquieta a mi amigo. Esa nada le suena raro. Siempre que lo ve, lo ve irse. Nunca llegar. Siempre, siempre lo vio con una valija. Y la idea de que es piloto de avión o azafato ya está descartada. Se sabe que es ingeniero. Lo mencionó, al pasar, en alguna reunión de consorcio.

Con mi amigo enumeramos: es ingeniero, tiene más de 60 años, un auto alemán con patente K, un hijo que usa marcas alta gama, no duerme en su cama, no caga en su baño, es correcto con los modales, parece neurótico al estilo Woody Allen, tiene una secretaria que viene de vez en cuando, una chica que le limpia los jueves a la mañana, por las huellas del polvo de ladrillo que suele dejar en el piso del pasillo se sabe que juega al tenis y -lo que más nos inquieta- es que saca siempre la misma basura: dos bidones de agua mineral de tres litros de una segunda marca.

-¡Eso es raro! ¿Cómo alguien que tiene ese nivel de vida no compra Villa del Sur, Villavicencio, Evian, Lauquen reserve, South Virgo o algo de su target?
-Que compre Nestle no es de puto. O si es de puto es de marica pobre o amarreta- sugiero. -Eso nos dice algo. Ahí hay que poner nuestro ojo. Ahí es donde debemos ser como Holmes y Watson-.

El señor del 3° B mide un metro sesenta con toda la furia. El peso rondará en los cincuenta y cinco kilos, no más. La cabellera esta incompleta y canosa. Las extremidades son proporcionales con el cuerpo. Los ojos son pequeños y curiosos. Las orejas son bien rosas, como las de un chanchito fino. Las manos chicas tienen las uñas impecables. Brillosas, como si llevaran esmalte. Su piel parece una porcelana inglesa envejecida. Tiene un par de arrugas: en las comisuras de la boca, en las patas de gallo y en la frente. Huele a perfume importado. Se mueve rápido y con movimientos cortos y nerviosos. Pareciera que vive llegando tarde a todos lados. Pero en realidad es que debe ser un obsesivo de la puntualidad.

Hay un dato que nos hace suponer que estamos en presencia de alguien que estudia la jugada antes de dar un paso en falso. Por primera vez en su corta estadía dejó un mensaje para alguien. Enojado por algo, escribió un mensaje. No lo pegó en el ascensor. Tampoco en la puerta que va a las cocheras. Lo dejó en otro lado. Lo dejó en un lugar milimétricamente estudiado.

Continuará...   

miércoles, 18 de enero de 2012

De rebote

Todo tiene que ver con todo. Y nada está tan suelto. Tan inconexo con lo que nos pasa. Con lo que fuimos viviendo. Con lo que pudimos crecer. Con lo que dejamos fluir. Con lo que sufrimos. Con lo que amamos. Con lo que padecemos. Con lo que elegimos. Con lo que no elegimos. Este posteo viene madurando en mi cabeza desde el sábado a la noche. O quién sabe desde hace mucho tiempo. 
El domingo leo en Clarín un artículo de Claudia Piñeiro http://www.clarin.com/sociedad/mujer-inventario-cuenta-nueva_0_626937514.html  y me quedo pensando. Habla de lo que les pasa a las mujeres a los 50.  En ese relato sentí a esas mujeres. Las vi. Las comprendí. También pensé que había llegado el momento de escribir de los que nos pasa a nosotros. O a alguna parte de nosotros. No creo que a todos, por la arbitrariedad de pertenecer a cierta generación, nos tengan que pasar por la cabeza las mismas cosas. Pensé, es ahora de hablar de la paternidad. De la paternidad de aquellos que somos homosexuales.

Tengo 34 años, pero faltan meses para que eso cambie. Hace un tiempo alguien, no recuerdo muy bien si era del gremio, me dijo que comprarse una mascota era canalizar el deseo de la maternidad-paternidad. Ahora que la tengo a Triny puedo llegar a darle la razón. Claro que no tiene nada que ver tener un perro con tener un hijo. No se alarmen. No enloquecí. Pero te empiezan a pasar cosas que antes no te pasaban. Se enferman y sufrís. Se enferman y tenés que buscar quién la pueda cuidar. La ves jugar y te emocionas. La escuchas soñar y te enterneces. Como no soy padre sospecho que son cosas que les deben pasar. Les deben pasar cuando se les cae el ombligo. Cuando sale el primer diente. Cuando gatea por primera vez. Ni hablar cuando camina o cuando dice "mamá" o "papá". 

Con toda esta ensalada en mi cabeza llegué al martes a la noche. Le propongo ver a Pablo "Margin call", una película inspirada en el última caída de la bolsa de Wall Street, pero él tiene otro plan. Propone ver una que no se acuerda muy bien el nombre y me relata la historia. Acepto. Me registro en Cuevana y la vemos. 

La película es muy sencilla. Nada del otro mundo. En Argentina se estrenó como "Amante accidental", una mala, para no decir pésima traducción de "The Rebound" (algo así como "de rebote"). Después de verla, prefiero quedarme con el nombre original. Ella, Catherine Zeta Jones, descubre que el marido le es infiel de casualidad: está buscando en la compu de la casa un video que le pidió el hijo y vio cómo una vecina le hacía un pete a su esposo a metros de ella. Deja el pueblo y se muda a New York con sus dos hijos. Llegan a Manhattan, la "ciudad donde viven las minorías y los capitalistas", como bien dice el hijo varón, un nene de cinco años. Por las casualidades de las películas, ella alquila un loft arriba de un Coffe Shop. Sí, donde trabaja él. El "amante accidental". 

En el arranque más que un semental es el niñero. Ella consigue trabajo rápido. Él le cuida los hijos. Ella tiene citas fallidas. Él la espera con la comida. Ella es cuarentona y bonita. Él tiene 25 y está más fuerte que tornillo de puente. Pasa lo que tiene que pasar hasta que se pudre todo. Como es una comedia dramática, entra el drama. Ella plantea la diferencia de edad y puf, a la mierda. Sabía que el tipo era el hombre indicado, pero no. Se la complica al pedo y dice que él es "too young".

Él emprende un viaje místico por el mundo, como el de Julia Roberts en "Comer, rezar, amar". Ella asciende en su trabajo y los hijos crecen. Pasan cinco años y, por las casualidades de las películas, se reencuentran en un restauran. El le presenta el hijo que adoptó en algún país asiático, cual receta de Angelina Jolie. Ella le dice que los suyos están en el mismo lugar. Que por qué no comparten mesa. Acepta. Se dan la mano. Se miran. Estarán juntos toda la vida.

Me levanto de la cama. Voy al baño. Me siento a hacer pis. En casa se hace pis de sentado para no mear la tabla. Bajo la cabeza. Pienso en el nene asiático que adoptó el de la película y lloro. Lloro porque pienso que quiero ser papá. Lloro porque todavía no me animo. Todavía...

lunes, 9 de enero de 2012

Atención al público con descuento incluido

Hacer trámites y el calor no son compatibles. La mañana arrancó tarde cuando debería haber comenzado tipo diez. ¿Por qué será que uno piensa que los empleados, los lunes, atienden mejor temprano que al mediodía? Supuse que a primera hora podría hacer todo con menos calor, menos colas, más rápido y más efectivo. Error. Al que se duerme (no madruga) Dios (también) lo ayuda.

Como mi amiga Silvita está haciendo vida de regia en Punta del Este me dispuse a hacer algo que tendría que haber hecho ella. Mandar una encomienda a Mar del Plata desde la terminal de ómnibus de La Plata no tiene nada que ver con estar en el Spa del Mantra. Igual, no me quejo, yo me ofrecí. La primera transpiración de la mañana se la debo a tres hermosas cajas, embaladas en tres bolsas de residuos, con tres carteles con letra de chongo. Carlos, la pareja de Silvia, preparó todo el día anterior y a mí solo me tocaba enfrentarme con la doble de Martha Sánchez versión platense. Llego al mostrador del sector encomiendas.

-Qué tal? -me hago el simpático pensando que con los buenos modales se llega lejos- quiero mandar estas cajas a Mar del Plata.
-¿Por qué empresa? -me pregunta el primo hermano de Leito, el bailarín de los Wachiturros.
-No sé, cualquiera. No tengo problema. Esta.
-Mirá, mejor mandalas por Plusmar. Es el mostrador de al lado.
-Bueno, listo. Graciasssssss.

Muevo las tres cajas. 2, 3 y 5 kilos. Grandes paréntesis: sé los pesajes porque la versión morocha de Martha Sánchez me las hizo pesar. Llego al mostrador de Plusmar.

-Hola, quiero mandar estas cajas a Mar del Plata.
-Te tengo que cobrar el embalaje, sabías no?
-No, pero está bien.

Me hace esperar un rato. No mucho. ¿Cuánto dura la versión de "Colgando en tus manos" de Martha Sánchez y Carlos Baute? Ponele, 5 minutos. Sin pagar un sólo centavo tuve mi recital en vivo y directo. Un muchacho de ojos negros -enojados y conurbanescos- y la empleada que me ¿atendía? karaokeaban delante de mí.

-¿Tu nombre? -me tuteó como si fuéramos como chanchos.
-¿A nombre de quién va? -ahora cagándome a pedos.
-Son tres cajas, así que -sumó mentalmente y no le quitó la mirada de encima a las cajas-, son 28 pesos. ¡Te hago precio!
- Ah, no. También se puede pagar en el destino. Mejor, sí mejor -afirmó y respondió ella sola.

***

El segundo trámite era algo que tenía que durar mínimo treinta minutos y salir mal. Duró diez con toda la furia. Y eso que me encontré con una compañer del diario en la vereda y nos dijimos lo nuestro. Entro. No hay nadie en la cola. El de seguridad me dice que espere. Espero. Me llaman al box 3. Voy al 3. El hombre del box 1 me llama. "Anda mal, yo te atiendo", me dice. Me atiende. Le digo lo que quiero. Me dice si antes pasé por la AFIP. Le digo que sí. Le miento. Me cree. Me vende. Lo saludo. Salgo a la calle. Justo pasa Pablo con el auto. Me subo. Listo.

***

-No, hace tres meses que Wester Union no tiene sistema -me dice con voz de pito y sabiendo de memoria el discurso la típica mosquita muerta y chupamedias que se muere por ascender y que es capaz de cagarte con tal de ser "jefa de...".
-El sistema se puede caer minutos, horas, días, pero no mesesssssssssss -le digo medio caliente por ese tono de voz típico de conchuda que se quiere hacer la simpática, pero está feliz con que vos te hayas venido de la loma del orto al mismísimo pedo. Como un imbécil, le pregunto si sabe dónde hay otro cercano.

-Pregunta en atención al clie -a esa altura ya estaba en la playa de estacionamiento camino al próximo destino.

Llegamos a donde creímos y no. Me mandaron a tres cuadras. Llego, saludo, digo lo que quiero y me mandan a completar un formulario. Tengo una duda. Pregunto y no me queda otra que dejar el trámite para después. Dos horas más tarde, vuelvo. Con el formulario en la mano -completito completito como si fuera el ancho de espadas- siento que la misión se estaba por cumplir. Me equivoqué.

-¿Sabías que tenés que pagar una comisión de 87 pesos? -me dice tranquila y despacio una mujer de 50 años, lectora de Paparazzi, fanática de "Gran Hermano" y con un tema de Britney Spears de fondo a todo lo que da.
-Bue, algo me habían dicho. Si no queda otra...

***

En la oficina soy el que se ocupa de juntar el dinero para la compra de los regalos de cumpleaños. Como "la elefanta", el personaje de "El efecto Noemí", la novela de Carolina Aguirre que estoy leyendo. El miércoles es el de Marita. Una amiga divina. Una mina de diez. Cuando salgo de mi último trámite veo en una vidriera un típico regalo para Marita. Es más, la veo con eso puesto. Tiene toda su onda. Adentro del local hacían como 50°. El aire -típico- no funcionaba. Le pregunto a la vendedora por eso (no puedo decir lo que es porque aún no entregué el regalo). Mientras busca el precio yo cuento cuánto junté. No llego. Me pregunta cuánto ponemos por cabeza. Le digo. Agarra la calculadora y multiplica. Levanta la mirada y me dice "ya fue". Agarra una goma gastada y borra el precio original. Me lo envuelve para regalo y me hace un flor de descuento!!!